La firma Stratasys tiene presencia en varios países de la región, incluido Uruguay; sus dispositivos imprimen repuestos para máquinas, prototipos de productos, hasta productos en el área dental

Hay dos formas de lograr un producto manufacturado, por el método tradicional: partir de un bloque de material y por destrucción llegar al elemento deseado o, por la inversa, por adición de material hasta llegar a la pieza buscada.

Este último, más eficiente porque se aprovecha un 100% del material, es lo que plantea la manufactura digital, conocida globalmente como impresión 3D y que ha revolucionado varias áreas de producción en los últimos años.

Si bien este cambio de paradigma productivo parece nuevo, existe hace más de 20 años y logró su éxito gracias al sistema FDM (Fused Deposition Model) patentado por la compañía estadounidense-israelí Stratasys.

Fue la liberación de la patente en 2008 lo que generó la masificación de las impresoras 3D, apuntó Juan Carlos Miralles, gerente de Stratasys para Latinoamérica. Hoy día, la firma se transformó en una de las líderes mundiales en este rubro.

Su portafolio cuenta con 23 impresoras en sus tres tecnologías: FDM, PolyJet y la más reciente y con mayor precisión (5.000 DPI) WDM (Wax Deposition Modeling).

La compañía, que ofrece líneas para el hogar e industria, mira con interés al mercado regional y local donde ya colocó 270 impresoras y espera crecer más, aseguró Miralles, para quien la realidad de la tecnología es la que termina por convencer a los potenciales usuarios.

«Es un proceso más eficiente porque no existe la misma pérdida de material ni energía que hay que gastar en el anterior para llegar al mismo resultado», apuntó. A nivel regional, Stratasys, duplicó sus ingresos, mientras que en el global creció 60%. La clave está en el avance tecnológico y la variedad del material, lo que amplió el alcance de los usos. Sus impresoras pueden hacer repuestos de máquinas para industrias, moldes de llenado, modelos de productos, elementos finales de autos o incluso prótesis y puentes dentales, ejemplificó Miralles. Su variedad tecnológica se lo permite.

Con la línea WDM o PolyJet pueden lograr productos de alta resolución, con una gran terminación y en tiempos reducidos, mientras que las FDM permiten mezclar elementos y lograr piezas de gran resistencia. El tamaño también importa. Su impresora más grande en FDM imprime en 90x60x90 centímetros mientras que en PolyJet se alcanzan medidas de un metro por 80 centímetros por 50 centímetros.

Los altos costos iniciales, un factor que a priori puede ser determinante, pierden fuerza frente al rápido retorno que plantea esta tecnología. Su línea profesional oscila entre US$ 10.000 y US$ 600.000, pero una máquina promedio se cotiza en US$ 20.000 con un retorno de los costos de un año y medio. El kilo de material oscila los US$ 250 y es 100% eficiente.

«Todo esto hace que el costo de producir con el método tradicional sea 80% más caro. Además, en el caso de las industrias, hay que sumar el valor de tener una máquina parada por la rotura de una pieza, hasta que llegue el repuesto. Con la impresora in situ esto se soluciona rápidamente», sentenció Miralles. La firma posee oficinas en Brasil y México y 10 revendedores en Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Chile, Argentina y Uruguay. Este año además, planean abrir otra oficina en Chile.

Extraído del Suplemento EL EMPRESARIO de EL PAIS 30-05-14